Siempre había adorado las estrellas fugaces; junte mi equipo y me dispuse a atrapar una. Me dijeron que era imposible, sabía que era así, también estaba seguro de que podría alcanzar una, dualidad tan hermosa como peligrosa.
Escalé montañas, y aun estando mas cerca me era imposible darles caza. Ideé los planes mas elaborados y aun así nada parecía suficiente. El desgano, y en cierta parte la idea de que era imposible, empezaban a boicotearme la férrea actitud, y de a poco me fui resignando hasta que entendí, las estrellas fugaces no eran sino la marca que dejaban en mi, esa admiración, ese placer inspirado por su belleza, alimentando así el encanto que me producían. Y entonces fui feliz contemplándolas en silencio, adorándolas en su fugacidad.

1 ...:
Después de perseguir tantas, he llegado a la conclusión, o al menos eso creo, de que las perseguimos porque si las alcanzáramos todo el proceso que nos llevara a eso sería digno de contar, una proeza mágica, aunque luego el momento sea fugaz, ¿quién nos saca la sonrisa de la cara de haber alcanzado lo inalcanzable? por otro lado, también sé que si no llegamos a alcanzarlas, el proceso es precioso; amargo, pero también digno de contar.
Porque no se trata de lograr el "objetivo" sino de hacer lo imposible por alcanzarlo. Demostrarnos que lo que nos mueve el piso, lo que nos afecta, lo que sentimos... no lo dejamos irse, nos apasiona :)
Que vivan los apasionados!
Publicar un comentario en la entrada